EL MATRIMONIO QUIMICO
Cuarto Día
Manly P. Hall
Después de lavarse y beber en el jardín de una fuente que tenía varias inscripciones, entre ellas una que decía: "Beban, hermanos, y vivan", los invitados, encabezados por Virgo Lucifera, subieron los 365 escalones de la escalera de caracol real. Los invitados recibieron coronas de laurel y, al levantarse el telón, se encontraron en presencia del Rey y la Reina. C.R.C. quedó asombrado por la gloria del salón del trono y especialmente por la magnificencia de las túnicas de la Reina, que eran tan deslumbrantes que no podía contemplarlas. Cada inivitado fue presentado al Rey por una de las vírgenes y luego de esta ceremonia la Virgo Lucifera pronunció un breve discurso en el que recitó los logros de los honestos "artistas" y rogó que cada uno fuera interrogado sobre si había cumplido adecuadamente con su deber. Entonces el viejo Atlas dio un paso adelante y, en nombre de sus Majestades Reales, saludó al intrépido grupo de filósofos y aseguró a Virgo Lucifera que recibiría una recompensa real.
La longitud del salón del trono era cinco veces su ancho. Al oeste había un gran pórtico en el que se encontraban tres tronos, el central elevado. En cada trono se sentaban dos personas: en el primero un rey anciano con una joven consorte; en el tercero, un rey negro con una matrona velada a su lado; y en el trono central dos jóvenes sobre cuyas cabezas colgaba una gran y costosa corona, alrededor de la cual flotaba un pequeño Cupido que disparaba sus flechas primero a los dos amantes y luego a todo el salón. Ante la Reina había un libro encuadernado en terciopelo negro sobre un pequeño altar, sobre el cual había adornos dorados. Al lado había una vela encendida, un globo celeste, un pequeño reloj de sonería, un pequeño tubo de cristal del que salía un chorro de licor claro de color rojo sangre y una calavera con una serpiente blanca que entraba y salía de sus órbitas. Después de sus presentaciones, los invitados bajaron las escaleras de caracol hasta el gran salón.
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Traducción del original en inglés The Chemical Marriage (The Fourth Day) del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sánchez & Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
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EL MATRIMONIO QUIMICO
Manly P. Hall
Tercer Día
Poco después del amanecer, las trompetas sonaron y la Virgo Lucífera, ataviada en rojo terciopelo, ceñida con una banda blanca, y coronada con laureles, entró acompañada por doscientos hombres uniformados en rojo y blanco. Ella le dio a entender a C.R.C. y sus ocho acompañantes que a ellos podía irle mejor que a los otros invitados vanidosos. Entonces se colgaron balanzas doradas en medio del salón y cerca de estas se colocaron siete pesas, una de tamaño mediano, cuatro pequeñas y dos muy grandes. Los hombres uniformados, que llevaban una espada desnuda y una cuerda fuerte, fueron divididos en siete grupos y de cada grupo se escogió un capitán que estaba a cargo de una de las pesas. Habiéndose remontado en su alto trono, Virgo Lucífera ordenó que empezara la ceremonia. El primero en subirse a las balanzas fue un emperador tan virtuoso que estas no se inclinaron hasta que seis pesas habían sido colocadas sobre el extremo opuesto. Entonces, él fue cambiado al sexto grupo. Ricos y pobres subieron también a las balanzas, pero solo unos pocos pasaron la prueba exitosamente. A estos se le otorgaron vestimentas de terciopelo y coronas de laurel, tras lo cual fueron sentados sobre los escalones del trono de Virgo Lucífera. Aquellos que fracasaron fueron ridiculizados y atormentados.
Habiendo ya finalizado la “inquisición”, uno de los capitanes le pidió a Virgo Lucífera que les permitiera a los nueve hombres que se habían declarado indignos que también fuesen pesados, y esto provocó angustia y miedo en C.R.C. De los primeros siete, uno tuvo mucho éxito y fue felicitado con regocijo. C.R.C. fue el octavo, y no solamente él aguantó todas las pesas, sino que aún cuando tres hombres fueron colgados al extremo opuesto de la barra, él no pudo ser movido. Un escudero grito: “ES EL!” C.R.C. fue rápidamente puesto en libertad, y se le permitió liberar a uno de los cautivos. El eligió al primer emperador. Entonces, Virgo Lucífera pidió las rosas rojas que C.R.C. traía consigo, las cuales éste le entregó inmediatamente. La ceremonia de las balanzas finalizó alrededor de las diez en punto de la mañana.
Después de estar de acuerdo con las penalidades que serían impuestas sobre aquellos cuyas imperfecciones habían sido expuestas, todos fueron convidados a una cena. A los poco exitosos “maestros”, incluyendo a C.R.C., se le otorgaron los asientos principales, tras lo cual el Vellocino de Oro y un León Volador fueron conferidos sobre ellos en el nombre del Señor Desposado. Entonces, Virgo Lucífera presentó a los invitados una copa magnífica, declarando que el Rey le había solicitado a todos que compartieran su contenido. Tras esto, C.R.C. y sus acompañantes fueron llevados a un entablado donde observaron las diferentes penalidades sufridas por aquellos que fracasaron. Antes de abandonar el palacio, a cada uno de los invitados rechazados se le otorgó un preliminar de olvido. Entonces, los elegidos regresaron al castillo en donde se le asignó a cada uno un ilustrado escudero que los condujo a través de las diferentes partes de la edificación. C.R.C. vio muchas cosas que sus acompañantes no tuvieron el privilegio de presenciar, incluyendo el Sepulcro Real, donde él aprendió “más de lo que existe en todos los libros”. El también visitó una magnífica biblioteca y un observatorio que tenía un gran globo de treinta pies de diámetro y que tenía todos los países del mundo marcados sobre este.
Durante la cena, los diferentes invitados plantearon enigmas y C.R.C. resolvió el acertijo que Virgo Lucífera preguntó con relación a su propia identidad. Entonces, dos jóvenes y seis vírgenes, bellamente ataviados, entraron al salón comedor seguidos por una séptima virgen que portaba una pequeña corona. Esta última fue llamada la Duquesa, y fue tomada por la Novia Hermética. La Duquesa le dijo a C.R.C. que él había recibido más que los otros, por lo tanto, debía hacer un regreso mas magnífico. Entonces, la Duquesa le pidió a cada una de las vírgenes que tomara una de las siete pesas que aún permanecían en el gran salón. A Virgo Lucífera se le otorgó la pesa más grande, que fue colgada en la cámara de la Reina durante la ejecución cantada de un himno. En la segunda cámara, la primera virgen colgó su pesa durante una ceremonia similar; así procedieron de habitación en habitación hasta que todas las pesas habían sido dispuestas. Entonces, la Duquesa presentó su mano a C.R.C. y a sus acompañantes, y, seguida por sus vírgenes, se marchó. Entonces, los escuderos condujeron a los invitados a sus dormitorios. El escudero que le fue asignado a C.R.C. fue colgado con extraños tapices y con bellas pinturas.
Traducción del original en inglés The Chemical Marriage (The Third Day) del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sánchez & Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
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