EL MATRIMONIO QUIMICO
Manly P. Hall
Cuarto Día
Después de tomar un baño y beber en el jardín de una fuente que tenía varias inscripciones ---entre ellas una que leía “Beban, hermanos, y vivan”--- los invitados, guiados por Virgo Lucífera, subieron por los 365 escalones de las magnificas escaleras en espiral. Los invitados fueron obsequiados con coronas de laurel y, cuando un telón se abrió, se encontraron ante la presencia del Rey y la Reina. C.R.C. estaba anonadado por la gloria del salón del trono y especialmente por la magnificencia de las vestiduras de la Reina, que eran tan deslumbrantes que él no podía mirarlas. Cada invitado fue presentado al Rey por una de las vírgenes y, tras esta ceremonia, la Virgo Lucífera ofreció un pequeño discurso en el cual informo sobre los logros de los “maestros” honestos y pidió que cada uno fuese cuestionado sobre si ella había cumplido su deber correctamente. Entonces, el Viejo Atlas paso adelante y, en nombre de Sus Majestades Reales, saludo a la intrépida banda de filósofos y le prometió a la Virgo Lucífera que recibiría una magnifica recompensa.
La longitud del salón del trono era cinco veces su ancho. Hacia el oeste había un gran balcón en el cual se erigían tres tronos, el del centro estaba elevado. En cada trono se sentaron dos personas: en el primero, un rey antiguo con una joven consorte; en el tercero, un rey negro con una matrona con velo a su lado; y en el central, dos personas jóvenes sobre cuyas cabezas había una corona grande y valiosa, sobre la cual revoloteaba un pequeño Cupido que apuntaba con sus flechas primero hacia los dos amantes y después hacia el salón. Ante la Reina yacía un libro atado con terciopelo negro sobre un pequeño altar, sobre el cual habían decoraciones doradas. A su lado había una vela ardiendo, un orbe celestial, un pequeño y llamativo reloj, una pequeña pipa de cristal de la cual salía una corriente de licor en color rojo sangre y una calavera con una serpiente blanca arrastrándose hacia adentro y hacia afuera de las orbitas. Tras sus presentaciones, los invitados se retiraron por las escaleras en espiral hasta el gran salón.
Más tarde, la Virgo Lucífera anuncio que una comedia iba a ser puesta en escena para beneficio de los seis invitados reales en un edificio llamado la Casa del Sol. C.R.C. y sus acompañantes formaron parte de la procesión real, que, después de haber recorrido una distancia considerable, llego hasta el teatro. La puesta era en siete actos, y tras su final feliz, todos regresaron por el jardín y subieron las escaleras en espiral hasta el salón del trono. C.R.C. noto que el joven Rey estaba muy triste, y que en el banquete siguiente, el a veces le daba carne a la serpiente blanca que estaba en la calavera. Cuando el festín termino, el joven Rey, que tenía en su mano el pequeño libro negro que estaba en el altar, le pregunto a los invitados si todos le serian fieles en prosperidad y en adversidad, y cuando ellos, temblando, respondieron en la afirmativa, el pidió que cada uno firmara su nombre en el pequeño libro negro como prueba de su fidelidad. Entonces, las personas reales bebieron de la pequeña fuente de cristal, y los demás hicieron lo mismo. Esto fue llamado el “Preliminar de Silencio”. Entonces, las personas reales estrecharon las manos de todos los presentes con tristeza. De repente, sonó una pequeña campana e inmediatamente los reyes y reinas se despojaron de sus vestimentas blancas y se pusieron vestimentas negras, el salón estaba decorado con tapices oscuros y las mesas fueron removidas. Los ojos de las personas reales fueron cubiertos con seis bufandas en tafetán negro y se colocaron seis ataúdes en el centro del salón. Un verdugo, un Moro, vestido de negro y cargando un hacha entro y decapito por turnos a cada una de las seis personas reales. La sangre de cada uno fue recolectada en una copa dorada, que fue colocada en los ataúdes con el cuerpo. El verdugo también fue decapitado, y su cabeza fue colocada en un pequeño cofre.
Tras asegurarle a C.R.C. y sus acompañantes que todos estarían bien si se mantenían fieles, la Virgo Lucífera ordeno a los escuderos que los condujeran a sus habitaciones por el resto de la noche mientras ella se quedaba vigilando a los muertos. Alrededor de la medianoche, C.R.C. se despertó súbitamente y, mirando desde su ventana, observo siete naves sobre un lago. Sobre cada una revoloteaba una llama; él creía que estas eran los espíritus de los decapitados. Cuando las naves llegaron a la orilla, la Virgo Lucífera las reunió y, sobre cada una de las seis vasijas fue colocado un ataúd cubierto. Tan pronto como los ataúdes habían sido dispuestos, las luces fueron extinguidas y las llamas pasaron de nuevo sobre el lago para que solo quedara una luz de vigilancia en cada nave. Tras observar esta extraña ceremonia, C.R.C. regreso a su cama y durmió hasta la mañana.
Traduccion del original en ingles The Chemical Marriage (The Fourth Day) del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sanchez & Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
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