ATLANTIDA Y LOS DIOSES
DE LA ANTIGÜEDAD
Manly
P. Hall
En la introducción de
su traducción del Timæus, Thomas
Taylor cita de una Historia de Etiopía,
escrita por Marcellus, que contiene la siguiente referencia de Atlántida:
“Dicen que en su época había siete islas en el Mar Atlántico, sagradas para
Proserpina; y además de éstas, tres más de una inmensa magnitud; una de las
cuales era sagrada para Plutón, otra para Ammón y otra, que está en medio de éstas,
y mide mil estadias, para Neptuno”. Al
comentar sobre Platón, Crantor afirmaba que los sacerdotes egipcios decían que
la historia de Atlántida estaba escrita sobre pilares que aún estaban
preservados para alrededor del año
300 a.C. (Ver Comienzos o Vislumbres de las Civilizaciones Desaparecidas). Ignacio Donnelly, que estudió profundamente
sobre el tema de Atlántida, creía que, en primera instancia, los caballos fueron domesticados por los
atlantes; por esta razón, siempre han
sido considerados peculiarmente sagrados para Poseidón. (Ver Atlántida).
Desde una cuidadosa
consideración de la descripción que Platón ofrece sobre Atlántida, es evidente
que el relato no debe ser tomado como completamente histórico, más bien como un
relato alegórico e histórico. Orígenes, Porfirio, Proclo, Iamblico y
Ciriano se dieron cuenta de que el relato ocultaba un profundo misterio filosófico, pero
discrepaban en cuanto a la verdadera interpretación. La Atlántida de Platón simboliza la triple
naturaleza tanto del universo como del cuerpo humano. Los diez reyes de Atlántida son el tetractys, o los números, que nacen como
cinco pares de opuestos. (Consúltese a
Teón de Esmirna para la doctrina pitagórica de los opuestos). Los números del 1 al 10 gobiernan a cada
criatura; y los números, en cambio, están bajo el control de la Mónada, o 1
---el Mayor entre ellos.
Con el tridente cetro
de Poseidón, estos reyes imperaron sobre los habitantes de las siete pequeñas y
tres grandes islas que conformaban la
Atlántida. Filosóficamente, las diez
islas simbolizan los poderes trinos de la Deidad Superior y los siete regentes
que se arrodillan ante Su eterno
trono. Si Atlántida se considera como la
esfera arquetípica, entonces su inmersión representa el descenso de la
conciencia racional y organizada dentro del reino ilusorio e impermanente de la
ignorancia irracional y mortal. Tanto el
hundimiento de Atlántida como el relato bíblico de la “caída del hombre”
representan la involución espiritual
---un prerrequisito para la evolución consciente.
O el iniciado Platón
utilizó la alegoría de la Atlántida para lograr dos fines ampliamente
diferentes, o los relatos preservados por los sacerdotes egipcios fueron
alterados con esta alegoría para perpetuar la doctrina secreta. Esto no pretende darnos a entender que Atlántida
es puramente mitológica; más bien que sobrepasa el obstáculo más grave de la
aceptación de la teoría de Atlántida; a saber, los fantásticos relatos de su
origen, tamaño, apariencia y fecha de destrucción ---9600 a.C.
En medio de la isla central de Atlántida había una elevada montaña que
lanzó una sombra que media cinco mil estadias y cuya cúspide tocaba la esfera
del éter. Esta es la montaña eje del mundo, sagrada
entre muchas razas y símbolo de la cabeza humana, que sale de los cuatro
elementos del cuerpo. Esta sagrada
montaña, sobre cuya cúspide se erigía el templo de los dioses, dio lugar a los
relatos de Olimpo, Meru y Asgard. La Ciudad
de los Portales Dorados ---la capital
de Atlántida--- es la que actualmente
está preservada entre numerosas religiones como la Ciudad de los Dioses o la
Ciudad Santa. Aquí tenemos el arquetipo de la Nueva Jerusalén, con sus calles
pavimentadas con oro y sus doce portales resplandeciendo con piedras preciosas.
Ignacio Donnelly
escribe: “La historia de Atlántida es la llave de la mitología griega. No puede haber duda de que estos dioses de
Grecia fueron seres humanos. La
tendencia de anexar divinos atributos a grandes gobernantes terrenales es una
profundamente implantada en la naturaleza humana”. (Ver Atlántida).
El mismo autor sustenta
sus puntos de vista señalando que las deidades del panteón griego no fueron
vistas como creadoras del universo; más bien como regentes puestos sobre este
por sus más antiguos fabricantes originales.
El Jardín del Edén del cual la humanidad fue sacada con una ardiente
espada tal vez es una alusión al paraíso terrenal supuestamente situado al
oeste de los Pilares del Hércules y destruído por cataclismos volcánicos. La leyenda del Diluvio también puede ser
trazada a la inundación atlante durante la cual un “mundo” fue destruido por el
agua.
Fue asegurado de
Atlántida el conocimiento religioso, filosófico y científico que poseía el
sacerdocio de la antigüedad, cuya inmersión ocultó cada vestigio de su parte en
el drama del progreso del mundo? La adoración
al sol atlante ha sido perpetuada en los rituales y ceremoniales tanto del
cristianismo como del paganismo. Tanto
la cruz como la serpiente eran emblemas atlantes de sabiduría divina. Los divinos progenitores (atlantes) de los
mayas y quiches de América Central coexistieron dentro del fulgor verde y azul
de Gucumatz, la serpiente “emplumada”.
Los seis sabios nacidos del cielo se manifestaron como centros de luz
atados o sintetizados por el séptimo
---y principal--- de su orden;
la serpiente “emplumada”. (Ver el Popol Vuh). El titulo de serpiente “alada” o “emplumada”
se le aplicaba a Quetzalcóatl, o Kukulcan, el iniciado de América Central. Presuntamente, el centro de la
Sabiduría-Religión atlante era un gran templo piramidal situado en la parte
frontal de un altiplano que se elevaba
en el centro de la Ciudad de los Portales Dorados. De allí salieron los Iniciados-Sacerdotes de
la Pluma Sagrada, llevando consigo las claves de la Sabiduría Universal hasta las más
lejanas partes de la Tierra.
Las mitologías de
muchas naciones contienen relatos de dioses que “salieron del mar”. Entre los nativos americanos, algunos chamanes cuentan sobre hombres santos vestidos
con plumas de aves y cinturones wampum,
que salieron de las aguas azules y los instruyeron en las artes y
manualidades. Entre las leyendas de los
caldeos está la de Oannes, una criatura parcialmente anfibia que salió del mar
y le enseñó a leer y escribir a los pueblos
feroces que habían por toda la ribera, hasta que la tierra, las hierbas
cultivadas para la curación y el estudio de las estrellas establecieron formas
racionales de gobierno, y se familiarizaron con los Misterios sagrados. Entre los mayas, Quetzalcóatl, el
Dios-Salvador (que algunos eruditos cristianos creían que era Santo Tomas),
salió de las aguas y, tras instruir al pueblo en lo esencial de la
civilización, volvió al mar en una mágica balsa con serpientes para escapar de
la ira del feroz dios del Ardiente Espejo, Tezcatlipoca.
No sería que estos
semidioses de una fabulosa época que, al igual que Esdras, salieron del mar
eran sacerdotes atlantes? Todo lo que el
hombre primitivo recordaba de los atlantes era la gloria de sus adornos dorados,
la trascendencia de su sabiduría y la santidad de sus símbolos ---la cruz y la serpiente. Que llegaron en barcos pronto fue olvidado,
ya que incluso las mentes iletradas consideraban a los barcos como
sobrenaturales. Por dondequiera que los
atlantes proselitizaban, construían pirámides y templos moldeados tras el gran
santuario en la Ciudad de los Portales Dorados.
Este es el origen de las pirámides de Egipto, México y América
Central. Los montículos en Normandía y Bretaña,
así como los de los nativos americanos, son remanentes de una cultura
similar. Los cataclismos que hundieron a
Atlántida comenzaron en el centro del plan atlante de la colonización y la
conversión del mundo. Los
Iniciados-Sacerdotes de la Pluma Sagrada que prometieron regresar a sus establecimientos
misioneros nunca lo hicieron; y tras el lapso de los siglos, la tradición solo
preservó un fantástico relato de dioses que salieron de un lugar donde ahora
está ubicado el mar.
H. P. Blavatsky resume
las causas que precipitaron el desastre atlante de la siguiente manera: “Bajo
las malvadas insinuaciones de su demonio, Thevetat, la raza atlante se
convirtió en una nación de perversos magos. A consecuencia de esto, se declaró una guerra
cuya historia sería muy larga para ser narrada; su substancia puede encontrarse
en las desfiguradas alegorías de la raza de Caín, los gigantes, y la de Noé y
su recta familia. El conflicto llegó a
su fin con la inmersión de Atlántida; que encuentra su imitación en los relatos
de las inundaciones babilónicas y mosaicas: Los gigantes y magos ‘* * * y toda
la carne * * * y todos los hombres, murieron.’
Todos excepto Xisuthrus y Noé, que son substancialmente idénticos al
gran Padre de los Thlinkithians del Popol Vuh, o el libro sagrado de los
guatemaltecos, que también cuenta sobre su huída en un gran barco, al igual que
el Noé hindú ---Vaiswasvata”. (Ver Isis
sin Velo).
De los atlantes, el
mundo no solo recibió la herencia de las artes y manualidades, filosofías y
ciencias, y ética y religión; también recibió la herencia del odio, contiendas
y perversidad. Los atlantes instigaron
la primera guerra; y se dice que todas las guerras subsiguientes fueron
peleadas en un esfuerzo infructuoso por justificar la primera guerra y por
enderezar todo el mal que había causado.
Antes del hundimiento de Atlántida, sus espiritualmente iluminados
Iniciados, que se dieron cuenta de que su tierra fue condenada porque se había
alejado del Camino de la Luz, abandonaron el desventurado continente. Llevando consigo la sagrada y secreta
doctrina, estos atlantes se establecieron en Egipto, donde se convirtieron en
sus primeros gobernantes “divinos”. Casi
todos los grandes mitos cosmológicos que forman el fundamento de los diferentes
libros sagrados del mundo se basan en los rituales del Misterio de Atlántida.
Fin de este tema.
Traducción del original en inglés Atlantis and the Gods of Antiquity del
libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera, Traductoras. 2014, Puerto Rico. Revisado, febrero 2016. riverafarrell@gmail.com
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