ATLANTIDA Y LOS DIOSES
DE LA ANTIGÜEDAD
Manly
P. Hall
(1ra. Parte)
(1ra. Parte)
Atlántida es el tema de
un breve pero importante artículo que aparece en el Informe Anual de la Junta Directiva de La Institución Smithsoniana para
el año que culmina el 30 de junio de 1915.
En 1912, su autor, M. Pierre Termier, un miembro de la Academia de
Ciencias y Director de Servicio del Cuadro Geológico de Francia, ofreció un
discurso sobre la hipótesis Atlante ante el Instituto Oceanográfico; son las
notas traducidas de este importante discurso las que se publican en el informe
Smithsoniano.
M. Termier escribe: “Tras
un largo período de desdeñosa indiferencia, observen cómo en los pasados años
la ciencia ha regresado al estudio de Atlántida. Cuántos naturalistas, geólogos, zoólogos o
botánicos hoy día se preguntan unos a los otros si Platón no nos transmitió,
con una leve amplificación, una página de la verdadera historia de la
humanidad. Ninguna afirmación es
permisible; pero parece más y más evidente que una amplia región, continental o
hecha de grandes islas, colapsó al oeste de los Pilares de Hércules, también
llamado el Estrecho de Gibraltar, y que su colapso ocurrió en el no muy
distante pasado. En cualquier caso,
nuevamente se le hace la pregunta sobre Atlántida a los hombres de la ciencia;
y ya que no creo que esta pregunta se pueda resolver sin la ayuda de la
oceanografía, pienso que es natural discutirla aquí, en este templo de ciencia
marítima, y llamar la atención sobre este problema, por mucho tiempo
despreciado pero ahora revivido, tanto de oceanógrafos como de aquellos que,
aunque están inmersos en el tumulto de las ciudades, le prestan atención al
distante murmullo del mar”.
En su discurso, M.
Termier presenta información geológica, geográfica y zoológica para fundamentar
la teoría de Atlántida. Metafóricamente
secando todo el lecho del Océano Atlántico, él considera las desigualdades de
su cuenca y cita lugares sobre una línea que va desde las islas Azores hasta
Islandia donde el dragado ha generado lava en la superficie desde una
profundidad de 3,000 metros. La
naturaleza volcánica de las islas que actualmente existen en el Océano
Atlántico corrobora la declaración de Platón de que el continente Atlante fue
destruido por cataclismos volcánicos. M.
Termier también adelanta las conclusiones de un joven zoólogo francés, M. Louis
Germain, que aceptaba la existencia de un continente Atlántico conectado con la
Península Ibérica y con Mauritania y que se extendía hacia el sur como para
incluir algunas regiones de clima desértico.
M. Termier concluye su discurso con un cuadro gráfico del hundimiento de
ese continente.
La descripción de la
civilización Atlante ofrecida por Platón en el Critias puede resumirse de la siguiente manera. En los primeros años, los dioses dividieron
la Tierra entre ellos mismos, proporcionándola según sus respectivas
dignidades. Cada uno se convirtió en la
deidad peculiar de su propia adjudicación y establecieron templos para ellos mismos; ordenaron un
sacerdocio e instituyeron un sistema de sacrificio. A Poseidón se le otorgó el mar y la isla
continente de Atlántida. En el centro de
la isla había una montaña que era la morada de tres seres humanos primitivos
nacidos de la tierra ---Evenor; su
esposa, Leucipe y su única hija, Cleito.
La doncella era muy hermosa, y tras la súbita muerte de sus padres, ésta
fue cortejada por Poseidón, con quien engendró sus cinco pares de hijos
varones. Poseidón repartió su continente
entre estos diez, y a Atlas, el mayor, lo proclamó señor de los otros
nueve. Más tarde, Poseidón llamó al país
Atlántida y al mar que lo rodeaba lo
llamó el Atlántico en honor a
Atlas. Antes del nacimiento de sus diez
hijos, Poseidón dividió el continente y el mar costanero en zonas concéntricas
de tierra y agua, que eran tan perfectas como si estuviesen colocadas sobre un
torno. Dos zonas de tierra y tres de
agua rodeaban la isla central, que Poseidón hizo que fuesen irrigadas con dos
fuentes de agua ---una tibia y la otra
fría.
Los descendientes de
Atlas continuaron como gobernantes de Atlántida; y con sabio gobierno e
industria elevaron el país a una posición de sorprendente dignidad. Aparentemente, los recursos naturales de Atlántida eran
ilimitados. Preciosos metales fueron
extraídos; animales salvajes fueron domesticados y perfumes destilaban de sus
fragantes flores. Mientras disfrutaban
de la abundancia natural de su localización semitropical, los atlantes también
trabajaron en el levantamiento de palacios, templos y muelles. Ellos construyeron puentes en las zonas de
mar y más tarde cavaron un canal profundo para conectar el océano exterior con
la isla central, donde ubicaban los palacios y el templo de Poseidón, que
sobresalían de las otras estructuras en
magnificencia. Los Atlantes crearon una
red de puentes y canales para unir las diferentes partes de su reino.
Luego, Platón describe
las piedras blancas, negras y rojas que los Atlantes extrajeron desde debajo de
su continente y que utilizaron en la construcción de edificios y muelles
públicos. Ellos circunscribieron cada
una de las zonas de tierra con un muro; el muro exterior fue cubierto con
bronce, el central con estaño, y el interior, que cercaba la ciudadela, con
oricalco. La ciudadela, en la isla
central, contenía los palacios, templos y otros edificios públicos. En su centro, rodeado por un muro de oro,
había un santuario dedicado a Cleito y Poseidón. Allí nacieron los primeros diez príncipes de
la isla y cada año sus descendientes llevaban ofrendas. El propio templo de Poseidón, con su exterior
completamente cubierto de plata y sus pináculos cubiertos de oro, también
ubicaba dentro de la ciudadela. El
interior del templo era de marfil, oro, plata y oricalco; incluso en los
pilares y en el suelo. El templo
contenía una colosal estatua de Poseidón parada sobre un carruaje tirado por
seis caballos alados; alrededor de él había cien Nereidas montadas sobre
delfines. Estatuas de oro de los
primeros diez reyes y sus esposas estaban colocadas alrededor del edificio.
En los huertos y
jardines habían fuentes de agua caliente y fría. También habían numerosos templos para varias
deidades, lugares de ejercicio para los hombres y las bestias, baños públicos y
una gran pista de carreras de caballos.
En diferentes puntos de observación de las zonas habían fortificaciones;
y hasta el gran puerto llegaban buques de cada nación marítima. Las zonas estaban tan densamente pobladas que
el sonido de las voces humanas siempre estaba en el aire.
La porción de Atlántida
que miraba hacia el mar fue descrita como elevada y escarpada; pero alrededor
de la ciudad central había un valle resguardado por montañas reconocidas por su
tamaño, número y belleza. El valle
producía dos cosechas cada año, las cuales eran regadas por lluvias durante el
invierno y por inmensos canales de irrigación durante el verano; estos canales
también se utilizaban para transportación.
El valle fue dividido en dos
secciones; y en época de guerra cada sección proveía su cuota de gladiadores y
carruajes.
Los diez gobiernos
diferían uno del otro en detalles relacionados a requisitos militares. Cada uno de los reyes de Atlántida tenía
completo control sobre su propio reino; pero sus mutuas relaciones estaban
regidas por un código tallado por los primeros diez reyes sobre una columna de
oricalco ubicada en el templo de Poseidón.
En intérvalos alternados de cinco y seis años se hacía un peregrinaje
hasta este templo para conferir honores sobre los números pares e impares. Allí, con adecuado sacrificio, cada rey
renovaba su juramento de lealtad sobre la sagrada inscripción. Allí también los reyes tomaban vestiduras
celestes y se sentaban en juicio. En el
alba, escribían sus oraciones sobre una tabla dorada y las depositaban con sus
túnicas como recordatorios. Las leyes
principales de los reyes Atlantes eran que ellos no debían tomar armas contra
sí mismos y que debían ir en auxilio de cualquiera de su número que fuese
atacado. En asuntos de guerra y grandes
momentos, la decisión final estaba en manos
de los descendientes directos de la familia de Atlas. Ningún rey tenía el poder de la vida y la
muerte sobre sus conciudadanos sin la autorización de una mayoría de los diez.
Platón concluye su
descripción diciendo que fue este gran imperio el que atacó los estados
helénicos. Sin embargo, esto no ocurrió
hasta que el poder y gloria extraviaron
a los reyes Atlantes del camino de la sabiduría y la virtud. Llenos de falsa ambición, los gobernantes de
Atlántida determinaron conquistar el mundo entero. Percibiendo la perversidad de los Atlantes,
Zeus reunió a los dioses en su santa habitación y se dirigió a ellos. Aquí la narrativa de Platón llega a un
abrupto fin debido a que el Critias
nunca fue terminado. En el Timæus hay una descripción más detallada
de Atlántida que supuestamente un sacerdote egipcio le ofreció a Solón y que
concluye de la siguiente manera:
“Posteriormente
ocurrieron violentos terremotos e inundaciones; y en un solo día y noche de
lluvia todos sus hombres guerreros se hundieron en grupo en la tierra; y de
igual forma, desapareció la isla de Atlántida, y se hundió debajo del mar. Y esa es la razón por la cual el mar en
aquellas partes es infranqueable e impenetrable, porque hay una gran cantidad
de lodo superficial en el camino; y esto fue provocado por el hundimiento de la
isla”.
Continúa…
Traducción del original en
inglés Atlantis and the Gods of Antiquity
del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera, Traductoras. 2014, Puerto Rico. Revisado, febrero 2016. riverafarrell@gmail.com
N. de
las T.: El
oricalco, hoy desconocido, era una
mezcla de oro, bronce y polvillo volcánico.
Con esta mezcla se hacía una especie de grandes y radiantes bloques.
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