ATLANTIDA Y LOS DIOSES
DE LA ANTIGÜEDAD
Manly
P. Hall
EL
MITO DEL DIOS AGONIZANTE
1ra.
Parte
El mito de Tammuz e Ishtar es uno de los más antiguos ejemplos
de la alegoría del dios agonizante, que probablemente precede al año 4000 a.C.
(Ver Babilonia y Asiria por Lewis
Spence). La imperfecta condición de las
tabletas sobre las cuales las leyendas están inscritas hace imposible obtener más
de un fragmentario relato de los ritos de Tammuz. Aún cuando era el dios esotérico del sol,
Tammuz no ocupaba una posición entre las primeras deidades veneradas por los
babilonios, quienes por falta de un conocimiento más profundo, lo veían como un
dios de agricultura o un espíritu de vegetación. Originalmente, él fue descrito como uno de
los custodios de los portales del inframundo.
Al igual que muchos otros Salvadores-Dioses, a él se le refiere como un
“pastor de ovejas” o “el señor del asiento del pastor de ovejas”. Tammuz ocupa la importante posición de hijo y
esposo de Ishtar, la Madre-diosa babilónica y asiria. Ishtar
---para quien el planeta Venus era sagrado--- era la deidad más ampliamente venerada del
panteón babilónico y asirio.
Probablemente, ella era idéntica a Ashteroth, Astarté y Afrodita. El relato de su descenso hacia el inframundo,
presuntamente en busca del sagrado elixir que podía devolver a Tammuz a la vida,
es la clave del ritual de sus Misterios.
Tammuz, cuyo festival anual se llevaba a cabo justo antes del solsticio
de verano, falleció en la mitad del verano en el antiguo mes que llevaba su
nombre; y fue llorado con elaboradas ceremonias. Se desconoce la manera en que murió, pero
algunas de las acusaciones que Izdubar (Nimrod) hizo contra Ishtar indicarían
que, al menos indirectamente, ella contribuyó a su deceso. La resurrección de Tammuz fue motivo de gran
regocijo; y para ese tiempo, él fue proclamado “redentor” de su pueblo.
Con alas extendidas,
Ishtar, la hija de Sin (la Luna), descendió hasta los portales de la
muerte. La casa de la oscuridad ---la morada del dios Irkalla--- es descrita como “el lugar sin regreso”. No tiene luz; el sustento de quienes allí
moran es polvo y su comida es lodo.
Sobre los cerrojos de la puerta de la casa de Irkalla había polvo
esparcido, y los custodios de la casa estaban cubiertos de alas como las
aves. Ishtar exigía que los custodios
abrieran los portales, diciendo que si no lo hacían, ella iba a destruir los
postes de sus puertas, a golpear las
bisagras y levantar a los muertos devoradores de vivos. Los custodios de los portales le suplicaron
que fuese paciente mientras iban hacia la reina del Hades, de quien obtuvieron
permiso para admitir a Ishtar; pero solo de igual forma que los demás ella
llegó hasta esta lóbrega casa. Allí,
Ishtar descendió por los siete portales que conducían hasta las profundidades
del inframundo. En el primer portal, se
le removió la gran corona de su cabeza; en el segundo, se removieron los aretes
de sus orejas; en el tercero, el collar fue removido de su cuello; en el
cuarto, los adornos fueron removidos de su pecho. En el quinto, se removió la faja de su
cintura; en el sexto, se removieron los brazaletes de sus manos y pies; y en el
séptimo, se removió el manto que cubría su cuerpo. Ishtar protestaba según, en sucesión, se le removía cada artículo de apariencia
personal; pero el custodio le decía que
ésta era la experiencia de todos los que entraban al sombrío ámbito de la
muerte. Enfurecida tras observar a
Ishtar, la Señora del Hades infligió sobre ella toda clase de enfermedad y la
aprisionó en el inframundo.
De la misma forma que
Ishtar representa el espíritu de la fertilidad, su pérdida evita la maduración de las cosechas así como
la maduración de toda la vida sobre la Tierra.
En este sentido, el relato es muy paralelo a la leyenda de
Perséfone. Al darse cuenta de que la
pérdida de Ishtar estaba desorganizando a toda la Naturaleza, los dioses
enviaron un mensajero hasta el inframundo y pidieron su libertad. La Señora del Hades fue obligada a obedecer;
y el agua de vida fue derramada sobre Ishtar.
Habiendo sido curada de las enfermedades infligidas sobre ella, Ishtar
volvió a trazar su camino ascendiendo por los siete portales, ante los cuales
los custodios le volvieron a colocar los artículos de apariencia personal que
le habían removido. (Ver El Relato Caldeo del Génesis). No existen registros de que Ishtar obtuvo el
agua de vida que hubiese causado la resurrección de Tammuz.
El mito de Ishtar simboliza
el descenso del espíritu humano por los siete mundos o esferas de los planetas
sagrados, hasta que finalmente, desprovisto de sus adornos espirituales,
encarna en el cuerpo físico ---el
Hades--- donde la dueña de ese cuerpo
amontona toda clase de penas y miserias sobre la encarcelada conciencia. Las aguas de vida ---la doctrina secreta--- curan las enfermedades de la ignorancia; y
el espíritu, que nuevamente asciende hacia su fuente divina, retoma sus adornos
otorgados por Dios conforme este asciende por los anillos de los planetas.
Otro ritual de los
Misterios entre los babilonios y asirios era el de Merodach y el Dragón. Merodach, el creador del universo inferior,
hirió a un horrible monstruo de cuyo cuerpo se formó el universo. Aquí tenemos la probable fuente de la llamada
alegoría cristiana de San Jorge y el Dragón.
Los Misterios de Adonis, o Adoni, se celebraban anualmente en muchas partes de Egipto, Fenicia
y Biblos. El nombre Adonis, o Adoni,
significa “Señor”, y era una designación aplicada al sol, que más tarde fue
tomada prestada por los judíos como el nombre exotérico de su Dios. Los dioses convirtieron a Esmirna, la madre
de Adonis, en árbol; y después de un tiempo, la corteza se abrió y el infante
Salvador salió de allí. Según un relato,
él fue liberado por un jabalí que hendió la madera del árbol maternal con sus
colmillos. Adonis nació a la medianoche
del 24 de diciembre; y a través de su infeliz muerte se estableció un rito de
Misterio que forjó la salvación de su pueblo.
En el mes judío de Tammuz (otro
nombre para esta deidad) él fue corneado hasta la muerte por un jabalí
enviado por el dios Ars (Marte). El Adonismo era la ceremonia de la lamentación de la
prematura muerte del asesinado dios.
En Ezequiel viii. 14, está
escrito que las mujeres lloraban por Tammuz (Adonis) ante el portal norte de la
Casa del Señor en Jerusalén. Sir James
George Frazer cita a Jerónimo de esta manera: “El nos dice que Belén, el
tradicional lugar de nacimiento del Señor, fue sombreado por una arboleda del
aún anciano Señor Sirio, Adonis; y que donde el infante Jesús había llorado, el
amante de Venus también fue llorado”.
(Ver La Rama Dorada). Se dice que la efigie de un jabalí fue
colocada sobre uno de los portales de Jerusalén en honor a Adonis; y que sus
ritos fueron celebrados en la gruta de la Natividad en Belén. Como el hombre “desangrado” (o “dios”),
Adonis es una de las claves del uso que Sir Francis Bacon le da al “jabalí” en
su simbolismo críptico.
Originalmente, Adonis
era una deidad andrógina que representaba el poder solar que en el invierno fue
destruido por el maligno principio del frío
---el jabalí. Después de tres
días (meses) en la tumba, Adonis resucitó triunfante el 25 de marzo, en medio
de la aclamación de sus sacerdotes y seguidores, “El resucitó!”. Adonis nació de un árbol de mirra. La mirra, el símbolo de la muerte debido a su
conexión con el proceso de embalsamamiento, fue uno de los obsequios traídos
por los tres Magos hasta el pesebre de Jesús.
En los Misterios de
Adonis, el neófito pasaba por la muerte simbólica del dios y, “elevado” por los
sacerdotes, entraba al bendecido estado de la redención que se hacía posible
por medio de los sufrimientos de Adonis.
Casi todos los autores creen que originalmente Adonis era un dios de vegetación que estaba
directamente conectado con el crecimiento y la maduración de las flores y los
frutos. Para sustentar este punto de
vista ellos describen los “jardines de Adonis”, que eran pequeñas cestas de
tierra dentro de las cuales se plantaban y nutrían semillas por un período de
ocho días. Cuando esas plantas morían
prematuramente debido a la falta de tierra suficiente, eran consideradas
emblemáticas del asesinado Adonis y usualmente eran lanzadas al mar con
imágenes del dios.
Continúa…
Traducción del original en
inglés The Myth of the Dying God del
capítulo Atlantis and the Gods of
Antiquity del libro The Secret Teachings of All Ages de
Manly P. Hall. ®Sánchez &
Rivera, Traductoras. 2014, Puerto Rico. Revisado,
marzo 2016. riverafarrell@gmail.com
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